Incoherencia de algunos anti nucleares

Para el diario Público
Nazanin Amirian
Los cementerios nucleares, ocultos en jerga gremial tras el aséptico nombre de Almacén Temporal Centralizado, desatan su fantasma, enfrentando a los ciudadanos y a sus intereses. Unos los reciben como panacea para impulsar el desarrollo económico de las localidades deprimidas, otros se rasgarían las vestiduras si se almacenara basura radioactiva en el patio de casa, sin importarles que se acumule en las chimbombas y afecte al vecino. Los privilegios no se gozan igual cuando nos salpica la miseria que generan.
¿Acaso han caído del cielo las comodidades de la vida consumista y el sinfín de futilidades que llenan nuestras vidas? El 80 por ciento de los recursos naturales fósiles, se destina al consumo frenético del 20 por ciento de la población mundial, quienes estrujan las últimas gotas que brotan de las fuentes de energía.

Necesidades fabricadas, crecientes y frustradas han engendrado «consumidores soldado», que obedecen sin pestañar a los imperativos de la publicidad. El numero de centrales nucleares y la cantidad de sus letales desechos se incrementarán incluso con un crecimiento cero en los actuales niveles de vida de los ricos. No hay recurso energético que pueda sostenerlo. Y a pesar de ello, las medidas anti-crisis de nuestros mandatarios consisten en, por ejemplo, animar la construcción de más viviendas, mientras hay cerca de un millón de pisos vacíos y miles de personas sin un techo digno donde cobijarse; o en el consumo de más coches, regalando el dinero público a los particulares, en vez de incentivar el uso del transporte público. Todo para empujar un PIB que es ajeno a la realidad energética, y es incapaz de medir los valores éticos o la felicidad individual y colectiva.
Renunciamos al despilfarro cotidiano y buscamos modelos de vida sencilla y más acorde a nuestras posibilidades, o seguimos andando a la sopa boba. Garantizar los actuales patrones de movilidad, vivienda, alimentación y ocio de una minoría, supone agresiones militares, hambrunas, inmigraciones en masa y la destrucción de vida de millones de seres vivos y ecosistemas enteros.
La escasez de energías viables, nos conducirá hacia una economía de “guerra”, de racionamiento de agua, luz y el aire limpio, si no planeamos un decrecimiento en el consumo, a nivel colectivo e individual, desligando el poder adquisitivo del bienestar. No sólo para que vivamos mejor, sino para que vivamos todos.